Horas antes del viaje previsto semanas antes a Varanasi, mis dos acompañantes se dan de baja por el mal más típico de India, Delhi Belly, mal de barriga, diarreas y vómitos varios.
Ahora me toca a mí decidir si me aventuro sola o no... Varanasí? Varano? Varanasí? Varano...? Al final gana el sí, el qué demonios, el tendré que saber si me gusta o no viajar sola y si no lo experimento, ¿Cómo saberlo?
14 horas largas en tren me llevan a la ciudad más sagrada en India, al lugar de peregrinación de los hinduistas por excelencia, a la ciudad donde la madre Ganges recibe cada día miles de visitas, peregrinos, recién casados, cadáveres de todos los tipos y en todas las formas y condiciones, timadores, devotos, turistas...
Varanasi, Benarés, es tal y como me lo había imaginado, lo que no se puede uno imaginar es la energía que transmite ese lugar... Si no es por eso, Varanasi es así:
Miles de barcos a la orilla, miles de barqueros que te ofrecen "Ma´am boat?" a tu paso.
La ciudad de los callejones estrechos y sin salida, en la que si te desvías un callejón de la calle dominada por los turistas ya te miran raro.
Ceremonias multitudinarias al anochecer, devotos, turistas, carteristas, oportunistas, colgados, perros, vacas, monos...
Ceremonias coreografiadas!
La madre Ganga, el Ganges
La ciudad en la que la higiene brilla por su ausencia, la ciudad dominada por los perros sarnosos, pero sarnosos de verdad, por las vacas y por los vacamellos que a veces ocupan el callejón por el que quieres pasar y te toca esperar, por los monos que chillan, que se pelean, que gritan en la ventana de tu guesthouse y que dan mucho respeto...
La ciudad de los rituales, de las ceremonias, de los colgados...
La ciudad donde la gente se baña y reza metros más abajo de donde están incinerando cadáveres...
La ciudad del increíble amanecer...
Los dioses monos, sus monos dioses, no sé, sus dioses.
...
Volveremos, pero acompañados, que la vida es compartir...